"Cuando un hombre es invitado a comer se siente defraudado si no se le da algo bueno"

-. San Agustín

La Asociación

Tradición y calidad

Desde antaño, Graus se ha destacado por la elaboración de Longaniza. Continuadores de aquella tradición, hoy día no solamente se ha seguido manteniendo su calidad y sabor, sino que se ha mejorado. Con una cuidada elaboración y la utilización de ingredientes naturales, la longaniza de Graus es el máximo exponente de la amplia variedad de embutidos elaborados en la zona. Curada en secaderos naturales, al cobijo de los picos más altos del Pirineo. La Longaniza de Graus tiene unas características inconfundibles que le otorgan una calidad, un sabor y una presencia características.

En su elaboración se emplea carne magra de cerdo (un mínimo del 70%) y panceta, papada o tocino (nunca puede sobrepasar el 30%). como condimentos y especias pueden emplearse sal común, pimienta, orégano, nuez moscada, anís o vinos olorosos, clavo y otras especias naturales (salvo pimentón), combinados con las características tradicionales de la comarca.

Debe presentar un aspecto homogéneo y de ligazón a la masa, enbutiéndose en tripa natural. La presentación es en forma de herradura, de 20 a 70 cm. de longitud. No es casual que nuestra Longaniza esté acreditada con la marca Aragón Calidad Alimentaria. Un sello que sólo pueden exhibir quienes mantienen un estricto compromiso con la pureza de los ingredientes y la máxima exigencia en su manipulado. Así hacemos en Melsa la Longaniza de Graus, natural, tradicional: pura calidad.

Record Guiness

En 1996, la asociación de fabricantes de Longaniza de Graus, elaboró una longaniza de 505,47 metros y 339 kilogramos de peso: el embutido más largo del mundo, según el certificado emitido por el Libro Guinness de los Records.

Pero tan importante como superar los 500 metros de longaniza, fue su forma de elaboración, totalmente tradicional y artesanal.

Se empleó tripa de cerdo natural, proveniente de 165 cerdos. Cada par de metros, que es la medida de la pieza, uno de los extremos se anudaba hábilmente, de forma que el siguiente montaba por encima, sin que el empalme se notara a la vista, quedando protegida por papel transparente hasta el momento final. Una máquina de embutir móvil introducía los kilos de masa , perfectamente amasada, reposada, pesada y sellada por la notaría de la localidad, que sólo se componía de magra de primera de cerdas hembras.

Finalmente, el numeroso público asistente, (unas 4.000 personas), degustó la longaniza asada a la brasa.

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